Bolsonaro llega al país en un momento clave para Brasil

Dentro del largo proceso de integración entre la Argentina y Brasil, la visita de Jair Bolsonaro a Buenos Aires para reunirse con Mauricio Macri es un paso importante para consolidar la confianza que se ha intentado construir entre los dos presidentes desde que el excapitán del ejército sacudió la política brasileña el año pasado al ganar las elecciones, apuntó Carlos Magariños, embajador argentino en Brasilia.

Pensado y postergado por varios momentos desde que Macri viajó a Brasilia el 16 de enero, dos semanas después de que el ultraderechista se hizo cargo del Palacio del Planalto, el viaje de Bolsonaro llega en un momento de precoz desgaste. Su ambiciosa propuesta de reforma previsional, sobre la que se ha hecho toda la apuesta económica, enfrenta grandes obstáculos en el Congreso: la economía se contrajo un 0,2% en el primer trimestre; la popularidad del presidente se redujo significativamente después de protagonizar varias polémicas y por las luchas internas en el gabinete, y, en las últimas semanas, masivas movilizaciones opositoras tomaron las calles en rechazo a los recortes a la educación.

Sin embargo, para el embajador argentino no hay motivos para preocuparse por una nueva crisis en Brasil, que viene de pasar fuertes turbulencias en los últimos años, con la peor recesión de su historia, las revelaciones de la operación anticorrupción Lava Jato, el impeachment a la expresidenta Dilma Rousseff, la prisión del exmandatario Luiz Inacio Lula da Silva y las entradas y salidas de la cárcel del expresidente Michel Temer.

“No veo ninguna situación que me alarme o merezca ningún tipo de preocupación en la Argentina respecto de la solidez política del gobierno del presidente Bolsonaro. Intenta llevar adelante un programa de reformas y de modernizar la relación política en el contexto del sistema político brasileño, que es muy exigente. Construir lazos de diálogo entre los distintos poderes lleva tiempo. Y ha habido también manifestaciones a su favor que fueron muy numerosas”, señaló Magariños. “Lo que vemos es el dinamismo de la vida política brasileña, que es algo saludable. El presidente está conduciendo con decisión, con energía, y hay que darle la chance de que desarrolle su programa para evaluarlo”, agregó.

Mientras tanto, el intercambio comercial entre los dos principales socios del Mercosur sufre altibajos. El año pasado, la corriente de comercio fue de 26.002 millones de dólares, con un superávit brasileño de 3900 millones (una reducción interanual del 52% respecto de 2017). Entonces, las exportaciones argentinas alcanzaron 11.051 millones de dólares (un crecimiento interanual del 17%) y las exportaciones brasileñas a nuestro país sumaron 14.951 millones de dólares (una contracción interanual del 15%). En los primeros cuatro meses de este año, la balanza bilateral registró un superávit argentino de 337 millones de dólares, con exportaciones por 3583 millones de dólares (aumento interanual del 7%). Los productos de mayor crecimiento fueron vehículos de carga, trigo en grano, naftas, cebada en grano, leche en polvo, porotos negros, frascos y recipientes de vidrio, urea, papas preparadas, neumáticos y malta sin tostar.

“En el caso de la Argentina, por la recesión que tenemos, disminuyeron mucho las importaciones y eso en Brasil preocupa, como nos preocupa a nosotros la retracción de la economía brasileña por nuestra industria automotriz y nuestras exportaciones en general. Pero no es una preocupación dramática. Tenemos 33 años de integración y aprendimos que esos flujos tienen subas y bajas que se van ecualizando en el tiempo”, destacó Magariños.

Para el diplomático, no hay dudas de que el gobierno de Bolsonaro está planteando la agenda correcta para que la economía brasileña crezca. “Brasil está encarando sus desafíos estructurales. Es muy temprano para decir que el desempeño de la economía en el primer trimestre refleje algo sobre la política de Bolsonaro. Es más bien parte de un proceso que ya lleva dos años -afirmó-. La noticia de la retracción del 0,2% no es buena, pero tampoco es una catástrofe. Lo importante sería que la agenda de reformas del presidente Bolsonaro y su ministro de Economía, Paulo Guedes, progrese, y nosotros, al hablar con los sectores económicos de aquí, tenemos confianza en que así sucederá”.

La gran incógnita es qué sucedería en caso de que la reforma previsional sobre la que se han puesto tantas expectativas no sea aprobada por el Congreso o salga muy debilitada para entusiasmar a los inversores y agentes financieros. “No vemos un escenario en el que la reforma no se apruebe”, indicó.