EEUU: investigan si la masacre en la iglesia de Texas fue una venganza familiar

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El hombre que ayer mató a tiros a 26 personas en una iglesia de Texas había amenazado a su suegra por mensaje de texto antes del ataque, que al parecer estuvo motivado por problemas familiares, informaron hoy autoridades, con Estados Unidos aún conmovido por otra matanza que se cobró la vida de múltiples integrantes de varias familias, entre ellos un bebé de 18 meses, y desgarró a una muy unida comunidad de apenas 400 habitantes.

Los investigadores han concluido que la masacre no tuvo motivaciones raciales ni religiosas ni políticas, y evidencia hallada en el lugar de los hechos indica que el autor, Devin Patrick Kelley, murió de un disparo que se efectuó él mismo luego de chocar su auto mientras era perseguido por residentes armados, dijo el director regional del Departamento de Seguridad Pública de Texas, Freeman Martin, en rueda de prensa.

Antes del ataque, el tirador, un hombre blanco de 26 años, envió mensajes intimidatorios a su suegra, quien era feligresa de la Primera Iglesia Baptista, congregación contra la que el sospechoso también había proferido una serie de amenazas por motivos que Martin dijo que aún no podía detallar.

Kelley también usó su teléfono celular para contarle a su padre que había sido baleado y que no pensaba que fuera a sobrevivir, agregó el funcionario.

“No contemplamos que la acción de ayer se deba a motivos raciales o religiosos; sí podemos decirles que había una serie de problemas domésticos en su familia”, afirmó Martin ante la prensa en Sutherland Springs, la localidad donde ocurrió la matanza.

Una vez que comenzaron los tiros en la iglesia, los feligreses no tuvieron “ninguna forma” de escapar del atacante, que iba vestido con ropa paramilitar negra y que caminó a lo largo de toda la nave central disparando un rifle semiautomático. Luego giró sobre sus pasos y salió de la iglesia caminando por el mismo lugar sin dejar de tirar, dijo hoy el alguacil Joe Tackitt.

El alguacil dijo que familiares políticos del agresor asistían a esa iglesia, pero que ayer no estaban.

Las edades de las víctimas fatales van de los 18 meses a los 72 años, y otras 20 personas resultaron heridas, dijo Martin, que agregó que 10 de los heridos estaban en situación crítica.

“Es increíble ver niños, hombres y mujeres, yaciendo en el lugar…gente indefensa”, señaló el alguacil Tackitt en declaraciones a la cadena CNN.

Investigadores incautaron tres armas del sospechoso, entre ellas un rifle semiautomático Ruger AR-556 que fue hallado dentro de la iglesia, dijo el agente especial a cargo de la oficina de Houston del Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos estadounidense, Fred Milanowski.

En conferencia de prensa, el funcionario dijo que además se encontraron dos pistolas en el vehículo conducido por Kelley, una Glock 9 milímetros y una Ruger calibre 22, y agregó que las tres armas habían sido comparadas por el atacante.

Autoridades dijeron que Kelley vivía en New Braunfels, unos 60 kilómetros al norte de Sutherland Springs.

El hombre sirvió en la Fuerza Aérea a partir de 2010, pero fue degradado y expulsado tras ser condenado por violencia contra su esposa e hijo.

La vocera de la Fuerza Aérea, Ann Stefanek, dijo que fue juzgado en un consejo de guerra en 2012 por dos cargos de agresión contra su esposa y su hijo y que fue confinado por un año por mala conducta y reducido a aviador básico, hasta su expulsión, en 2014.

Al salir de la iglesia, el atacante fue confrontado por un residente armado que “le agarró su rifle y lo enfrentó”, dijo Martin.

Poco tiempo después, el agresor fue hallado muerto dentro de su vehículo no lejos de la iglesia, y los investigadores creen que se mató de un disparo, señaló Martin.

Veintitrés de los muertos fueron encontrados en la iglesia, dos afuera y otra persona falleció camino al hospital, agregó.

El hombre que enfrentó a Kelley fue ayudado por otro residente local, Johnnie Langendorff, quien declaró a la cadena KSAT-TV que pasaba con su camioneta por la iglesia cuando ocurrió el tiroteo.

Sin identificar al residente armado, dijo que el hombre intercambió disparos con Kelley y que luego pidió subirse al vehículo de Langendorff, en el que ambos persiguieron al atacante.

Langendorff agregó que el agresor finalmente perdió el control del vehículo y chocó. Contó que él y el residente armado se bajaron de su camioneta y vieron que el sospechoso no se movía. A los cinco minutos llegó la policía, añadió.

“Hice estrictamente lo que era correcto hacer”, dijo Langendorff.

Una de las víctimas fatales fue Annabelle Pomeroy, de 14 años e hija del pastor de la congregación, Frank Pomeroy, quien ayer no pudo atender el servicio por encontrarse de viaje junto con su mujer Sherri Pomeroy en el estado de Oklahoma.

“Por grande que haya sido la tragedia para nuestra familia, no queremos hacer sombra a las otras vidas perdidas ayer. Ayer perdimos más que a Belle, y una cosa que me da una pizca de consuelo es saber que Belle se encontraba rodeada por la familia de su iglesia”, declaró Sherri.

Entre los muertos también figuró una ama de casa, Crystal Holcombe -quien estaba embarazada de ocho meses, tres de sus hijos y varios familiares políticos, dijo hoy su primo, Nick Uhlig, al diario Houston Chronicle.

El presidente Donald Trump, quien estaba en Japón, calificó el tiroteo de “acto de maldad” y más tarde calificó al atacante de “un individuo muy trastornado”.

El gobernador de Texas, Greg Abbot, dijo que el hecho fue “el mayor tiroteo masivo en la historia de nuestro estado”.

El ataque llega poco más de un mes después del peor tiroteo en la historia de Estados Unidos, el del 1 de octubre en Las Vegas, Nevada, en el que un hombre mató a 58 personas e hirió a otras 500 al abrir fuego con fusiles desde una habitación elevada en un hotel casino.

El tiroteo coincidió además con el octavo aniversario de la matanza en la base militar texana de Forth Hood, donde 13 personas fueron asesinadas y 31 heridas por un militar y psiquiatra del Ejército estadounidense.

Hasta el de ayer, el tiroteo masivo más letal de Texas había ocurrido en 1991 en Killeen, donde un perturbado se metió con camioneta y todo dentro de un restaurante a través de un gran ventanal, y una vez adentro empezó a disparar, matando a 23 personas e hiriendo a 20 más.