Femicidio de Priscila: Más detalles de la declaración del asesino

Con el correr de las horas se fueron conociendo más partes de la declaración de Rubén Oscar Ávila, el femicida de Priscila Alejandra Martínez.

Durante su extensa confesión, manifestó que cuando aún era un niño, la madre de la víctima lo había acusado de haber cometido un robo y por ello sus padres lo expulsaron de su casa. Vivió varios años en situación de calle.

Ávila fue indagado en una audiencia virtual y por más de 45 minutos contó, al fiscal de la causa Dr. Hugo Herrera, cómo y por qué asesinó a Priscila Alejandra Martínez.

Pese a la insistencia de su abogada defensora, Dra. Cecilia Pinto, para que guardara silencio, el imputado por femicidio solicitó declarar. Se le hizo conocer las evidencias que existen en su contra y más tarde empezó su relato.

Con una postura firme, Ávila contó que sacó a la adolescente de su casa el día lunes 24, minutos antes de las 17. La subió en su motocicleta y la llevó a su casa en Catamarca y Larraburre, a tres cuadras de la casa de la madre de Priscila. Allí la hizo ingresar a su habitación y le pidió que le cosiera un pantalón.

Siempre en función del relato del femicida, mientras ella estaba en su dormitorio él salió a buscar hilo. Cuando regresó, recordó momentos traumáticos de su niñez cuando la madre de Priscila lo acusó de haber cometido un robo y sus padres lo expulsaron de la casa por ello.

Ávila, según dijo, vivió un momento de ira y se volvió en contra de la menor. Al verla sentada en la cama la empujó. Ella se levantó, él nuevamente la agredió y le hizo golpear la cabeza contra la pared.

La adolescente comenzó a gritar y amenazó con denunciarlo. Entonces él la tomó de los brazos y la empujó sobre la cama. Dijo que allí la comenzó a ahorcar, que desde la cama la tiró al suelo y continuó presionando con sus manos el cuello de la víctima. La menor trató de defenderse, pero la fuerza del hombre pudo más.

Ávila precisó que Priscila estaba de costado, en el suelo, inconsciente, y que él continuó asfixiándola con sus manos. Reveló que una vez que la mató, tapó el cuerpo con una bolsa y con total frialdad se trasladó hasta la casa de la familia de Priscila. Allí tomó mate con la madre y las tías de la víctima.

Horas más tarde regresó a su casa. Movió el cuerpo y lo puso debajo de la cama. Su vida siguió como si nada pasara. Contó que fue a trabajar y que el día miércoles 26, por la mañana cavó el pozo, la desnudó y la enterró.

Sostuvo que las excavaciones las hizo en dos partes ya que sus tíos merodeaban su habitación y él no quería ser descubierto. Una vez que tapó el cadáver se fue a trabajar. Ese día cobró su salario.

El día viernes 28 sacó la ropa de la menor, que aún no había sido ubicada. Colocó las prendas en una bolsa y las llevó hasta una acequia de calle Tucumán, en el barrio Los Lagos. Allí se deshizo de ellas.

Al día siguiente, sábado 29, se levantó muy temprano y fue a su trabajo. Compró dos bolsas de cemento en un corralón cercano a su casa. El día domingo 1 de marzo realizó el contrapiso con la ayuda de un albañil de apellido Gutiérrez al cual despegó del caso.

Toda esa semana su vida transcurrió con total normalidad. Visitó al menos en dos oportunidades a la familia de Priscila, que ya había denunciado su desaparición. Dijo que incluso les dio dinero para comprar comida.

El fin de semana siguiente salió a bailar con sus amigos y el día domingo 9, durante la madrugada cometió el abuso de la adolescente, a quien además atacó a golpes y la dejó en una acequia, sobre la Ruta 11.

El día lunes 10 fue detenido por la policía, bajo las órdenes de la Dra. María Alicia Falcione. Desde entonces se encuentra tras las rejas.

Ávila remarcó que sabía de la búsqueda de la policía para dar con el paradero de Priscila, ya que él estaba al tanto de todo por los familiares de la víctima.

Ante la posibilidad de verse descubierto escribió la carta. Sostuvo que el fin de semana de 7 u 8 de marzo -no supo precisar el día-, en su casa, redactó la misiva: “Hola tía, no me busques estoy embarazada, me junté. No vuelvo”.

El presunto femicida explicó que el manuscrito fue redactado en su habitación y después lo dejó en la casa de un familiar de Priscila, en el barrio Gorrini.

La existencia o no de un ataque sexual aún resta confirmar por los peritos, quienes realizaron hisopados en las zonas genitales de la menor, pero pese a ello en su declaración el acusado negó haberla ultrajado.

Según se supo, Ávila contó que no violó ni mantuvo relaciones sexuales con Priscila.

Los dichos del imputado no concuerdan con las hipótesis de los investigadores, quienes presumen que el sujeto intentó someter a Priscila. Ella quiso evitarlo y él la mató.

A esa teoría se le suma el hecho de que la menor fuera hallada desnuda. Consultado por los motivos por los cuales le quitó la ropa, Ávila respondió que era porque estaban llenas de sangre.

Esa versión deberá ser corroborada, ya que el forense al examinar el cadáver de la adolescente el día que la encontraron enterrada, manifestó que no presentaba ninguna lesión evidente.

Ahora, los efectivos de la División Homicidios y Delitos Complejos deberán corroborar todos los dichos del imputado. El informe médico forense será fundamental para la causa.

Los efectivos de la División Homicidios y Delitos Complejos de La Banda -quienes están a cargo de la causa- allanaron la casa de Gutiérrez, el supuesto cómplice de Ávila.

En su declaración el femicida manifestó que su vecino Ramón Gutiérrez no estaba al tanto de que el cadáver de la menor estaba bajo tierra. Indicó que el segundo detenido de la causa sólo realizó trabajos de albañilería.

Mientras Ávila declaraba, los detenidos arribaron a una casa de calle Almafuerte del barrio Los Lagos, propiedad del acusado, y desde allí secuestraron balde, reglas, fretachos, cucharas, plomada que utilizó el albañil para realizar el contrapiso.


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