Trabaja en una funeraria y lo detuvieron por matar a su madre, a su hermano y a su hija, uno cada año

En las últimas horas, Pablo Damián Grottini, de 42 años, empleado de una funeraria de San Nicolás, fue detenido, acusado de homicidio calificado por el medio empleado, por el móvil y por el vínculo. La fría letra del lenguaje judicial apenas deja entrever la hondura de un drama que, de ser como sospechan los investigadores, revelaría una trama inconcebible, pergeñada por una mente criminal movilizada por la codicia y dispuesta a todo para conseguir sus fines. Incluso, acabar con los de su propia sangre: su madre, su propia hija, el año pasado, y su hermano, antes de la pandemia.

Así lo informaron a LA NACION fuentes policiales. El velo de esta terrible historia comenzó a descorrerse el último fin de semana, cuando la madre de Grottini murió en el hospital San Felipe. El deceso sorprendió a los médicos, porque la mujer evolucionaba favorablemente. En sus días de internación, la acompañó el hijo.

Los enfermeros advirtieron problemas con la vía de suero: estaba agujereada de lado a lado; además, encontraron ampollas de drogas psicotrópicas de efectos sedantes, anticonvulsivos y ansiolíticos -de la familia de las benzodiazepinas-, de lotes que no pertenecían al hospital. La sospecha fue automática: alguien había inyectado drogas en la cánula y las había derramado en el torrente sanguíneo de la mujer. El sospechoso también era obvio: el hijo de la paciente, que la cuidaba.

La revelación abrió una caja de Pandora: la fiscalía advirtió que el hermano de Grottini había muerto en julio de 2019 y que la propia hija del acusado -de 10 años, con una discapacidad-, en julio de 2021. Los dos estaban internados cuando fallecieron. Ambos estaban al cuidado del ahora imputado.

El Juzgado Garantías N°1 San Nicolás autorizó la detención de Grottini, que se cumplió en su casa de Tucumán 829, en Villa General Savio. La fiscal María Belén Baños, a cargo de la investigación, provisionalmente, le imputó los tres homicidios.

 

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